La paciencia

Francis Bacon escribía que quien no tiene paciencia no tiene posesión de su alma. Hay momentos en la vida en que la única victoria es la espera sosegada, la liviandad de la corriente que nos lleva mientras nosotros crecemos con nuestros pensamientos y con nuestra serena mirada hacia todo lo que nos rodea. Solo así podremos lograr aquella paz silenciosa de la que escribía Alonso Quesada, la que se consigue, como decía el poeta grancanario, “ a fuerza de retornos del alma”, porque uno intuye que el alma viene muchas veces antes de que nosotros nos demos cuenta de que es lo único que importa de lo que somos, lo que está tan adentro que jamás se ve perturbado por los vientos o por las caóticas conductas que tanto nos confunden a veces.

No estamos quietos. Probablemente estemos inmersos en el viaje más importante y más lejano de cuantos ha emprendido la humanidad en los últimos ochenta años. El otro gran viaje cercano fue el del final de la Segunda Guerra Mundial, y de aquel fracaso de la convivencia llegaron luego los Derechos Humanos que tanto hemos olvidado los últimos decenios de opulencia y tecnología puntera que no supimos utilizar para lo que era importante. La paciencia, como decía Rodin antes de comenzar a buscar en el mármol, es también una forma de acción. Por tanto, respiremos hondo y sigamos rastreando donde está lo único que realmente importa para luego poder entendernos y construir un mundo mucho más sensato.

Un comentario en “La paciencia”

  1. Pues, respiraré hondo y bucearé en mi alma.
    Feliz día Santiago y muchas gracias entretenernos e instruirnos con tu literatura.
    Susana

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