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El violinista ruso

Se levantó de la cama y se acercó al violín que estaba encima de la mesa del comedor. Improvisó unos acordes y seguidamente salió a la calle con el instrumento. No sabía dónde colocarlo en el coche y finalmente lo puso en el asiento del copiloto. Iba dentro de la funda. Luego llegó al despacho y empezó a interpretar el solo de violín del concierto en Re Mayor Op.3 de Tchaikovsky. Nunca antes había tocado el violín ni tampoco había hablado ruso. Sus compañeros se acercaron intrigados, pero él no los entendía cuando le hablaban. Se había acostado siendo abogado y se había levantado convertido en un violinista ruso. Físicamente solo había cambiado el pelo. Lo tenía un poco más largo y algo desaliñado. A esa misma hora, en San Petersburgo, otro hombre estaba en medio de una orquesta sin instrumento y sin entender lo que le decía un director cada vez más enfadado por su indolencia.

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