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El pato de la cortina

Cada mañana le sonreían los patos de la cortina del baño. Ella se desnudaba delante de ellos antes de entrar en la ducha. Yo era uno de esos patos. Ya sé que no me creen. Nadie cree a quien dice que fue pato de cortina de bañera antes que humano. Pero ella sí me creyó cuando la paré la primera vez en la calle. Le dije el número exacto de lunares que tenía en su cuerpo. Y le conté que había renunciado a ser un pato sonriente de cortina solo para saber qué se sentía tocando aquella piel que yo veía erizarse cada vez que el agua fría mojaba su espalda.

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