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Charcos

Me habló de todos los charcos en los que se había visto reflejado en París, en Londres, en Nueva York o en la aridez de los desiertos. Nos despedimos y me dejó pensando en todas las miradas que ha ido borrando el sol a lo largo del tiempo. Comenzó a llover de nuevo y contemplé mi media sonrisa en uno de los charcos que se formó en el barranco de Guiniguada. Imagino que allí me quedaré siempre, en ese infinito insondable de los charcos que creemos que desaparecen cuando se secan y que no son más que el reflejo de cielos lejanos.

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