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Las manchas

Reconoció aquella mancha en el espejo. Era casi inapreciable y la pudo ocultar con el pelo. La misma mancha que había condenado a toda su familia hacía dos mil años junto a la ribera del Éufrates. Una espina casi inapreciable a la altura de la sien. Hoy ha salido a la calle y se ha dado cuenta de que miran su frente algunos transeúntes que no conoce de nada. Ella es de las que piensan que no solo los amores se van reencarnando. También los enemigos la acompañan, vida tras vida, para intentar matarla siguiendo los rastros que va dejando el tiempo en su rostro milenario.

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