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Dos euros

Tocaba el violín en la trasera de la Catedral y ella comenzaba a llorar desde que escuchaba los primeros acordes. Cuando pasaba a su lado le ponía siempre dos euros en el plato. Ella era canaria y él rumano. Alguna vez se miraron a los ojos. Él tocaba con una tristeza que oscurecía hasta los adoquines cuando el cielo estaba azul y todo olía a verano. No era un tópico decir que aquel violín lloraba, pero solo lo hacía cuando ella estaba cerca. Hacía cien años, él tocaba otro violín en Viena. Ella estaba casada y no se atrevió a fugarse con él. Tenía dos hijos. Se amaron clandestinamente durante dos años. Luego él se marchó harto de esperar. Se casó en Baviera y nunca fue feliz. Ella lloraba siempre que se quedaba sola en su casa. Hoy no saben nada de ese pasado que los emparenta. Solo quedan dos euros diarios en un plato de todo aquello que pudo haber sido tan bello.

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