Los ahogados

Siempre que se cortaba el pelo comenzaba a llover. Daba lo mismo la estación o el mes. Desde que sus cabellos caían todo se volvía otoño en cualquier mes del año, y los otoños se volvían aún más más lluviosos, casi invernales, con precipitaciones violentas e inesperadas, si sentían el temblor de sus cabellos en el suelo. Su peluquero era el único que sabía lo que acontecía con sus pelos. Era él quien llamaba a las aguas cuando los rozaba. Hubo un tiempo lejano en que los dos murieron ahogados en un mes de noviembre, con sus cabellos enredados de algas flotando en un océano que entonces ni siquiera tenía nombre en los mapas.

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