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Los ahogados

Siempre que se cortaba el pelo comenzaba a llover. Daba lo mismo la estación o el mes. Desde que sus cabellos caían todo se volvía otoño en cualquier mes del año, y los otoños se volvían aún más más lluviosos, casi invernales, con precipitaciones violentas e inesperadas, si sentían el temblor de sus cabellos en el suelo. Su peluquero era el único que sabía lo que acontecía con sus pelos. Era él quien llamaba a las aguas cuando los rozaba. Hubo un tiempo lejano en que los dos murieron ahogados en un mes de noviembre, con sus cabellos enredados de algas flotando en un océano que entonces ni siquiera tenía nombre en los mapas.

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L’ amour est un oiseau rebelle”

Escuchaba a través de los auriculares “L’ amour est un oiseau rebelle”, compuesta por Bizet para la ópera Carmen, interpretada por Maria Callas. Caminaba por la calle, despistado como casi siempre, dejándose llevar por la música y por sus pasos, cuando escuchó a un violinista que tocaba exactamente lo mismo que él estaba escuchando. Detuvo sus pasos y comprobó que la sincronización era perfecta. El violín se confundía con la voz de Maria Callas. Fue a depositar una moneda en la funda del violín que el músico callejero había dejado delante de donde estaba tocando. No había más paseantes en aquella calle, extrañamente vacía a esa hora de la tarde. Siguió su camino escuchando el aria. Cuando acabó la Habanera se dio la vuelta y vio que no había nadie, y que no estaban ni su moneda ni la funda del violín. Solo había un pájaro donde mismo estaba el violinista, un pájaro rebelde, como aquel amor que contó Bizet en el siglo diecinueve.

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Los golpes internos

Los insultos fueron dejando heridas en su cuerpo, un corazón golpeado que no dejaba de palpitar miedoso, unos músculos entumecidos por la impotencia, un hígado que se encogía de otra manera o unas piernas que temblaban por dentro. No solo fueron los golpes que llenaban de moretones su cara y sus brazos. Aquellas otras heridas eran las que realmente la habían matado mucho antes de que él, una vez más, la empujara con saña contra la puerta.