El olor del texto

Escribía siempre a mano y luego dejaba reposar los textos. No para corregirlos con perspectiva. Tampoco para saber si, ya lejos de la euforia inmediata, valían realmente para algo. Él esperaba encontrar el olor de cada texto, el aroma que dicen que dejan las palabras que realmente sirven para algo. Siempre nos decía que los textos que realmente valen la pena son aquellos que terminan oliendo como olería un día de primavera en medio de un páramo helado de Siberia.

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