Un viento que pasa

Nunca te acostumbras. La derrota es terca y nunca se parece a la anterior. La victoria te vuelve a confundir pensando que eres importante. Ni la una ni la otra detendrán al sol mañana. Y cuando tú no estés, cuando ni siquiera esté nadie que te conozca, ese fracaso o esa desbordante exaltación de la alegría serán como ese viento que hoy ha roto tu paraguas, un aire que pasa donde una y otra vez el ser humano se confunde y se cree eterno en medio de la nada, así de liviana es la existencia, un viento que quizá algún día rozará una cara para volver a sentir el calor de la piel humana, la caricia del tiempo que tantas veces olvidamos.

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