La varita mágica

Encontró aquella varita plateada el día que cumplió setenta años. De niña decía que era mágica. Había resistido al destrozo del tiempo. Al limpiarla, toda la purpurina se mezcló con el polvo y dejó un halo luminoso en el cuarto. Ella la acercó al espejo y la puso junto al reflejo de su cara. Sintió el golpe contra el cristal, como si alguien la llamara desde lejos, o como si un pájaro perdido en el tiempo picoteara la hondura de su piel arrugada.

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