Las viejas higueras

No lo he comentado con nadie, pero ayer estuve junto a una de las fachadas de la calle Triana reconociendo el olor de una higuera. Ese olor te detiene donde quiera que lo huelas, pero en aquel edificio o en los colindantes era imposible que hubiera higueras. Me fui a buscar imágenes antiguas de la calle y justo donde está ese edificio había un gran jardín. Reconocí dos higueras que sobresalían por encima del muro que asomaba a la calle. Los árboles dejan el rastro de sus olores no solo en el recuerdo o en las imágenes. Cuando pasas por donde estuvieron siguen oliendo más allá del tiempo. Solo hay que detenerse para reconocer su fragancia en medio del trasiego de las calles.

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