Las sillas y las mesas

Cada mañana llegaba antes del alba y sacaba las sillas de todas las terrazas de la plaza. No las había contado, pero eran más de cien mesas y más de cuatrocientas sillas. Las sillas las sacaba de cuatro en cuatro. Después regresaba a la pensión y pintaba todo el día. Sobre las once de la noche regresaba y volvía a meter las sillas y las mesas en los cafés y en los restaurantes. Vino a Venecia a pintar hacía treinta años siguiendo las huellas de Tiziano, Veronese o Canaletto. No volvió nunca a su pueblo en Colombia. Allí lo dan por muerto. A veces se han quedado todas las sillas y las mesas flotando en el agua. Esos días corre de un lado para otro para que no se hundan y las limpia rápidamente para que no se acaben oxidando. Luego llega a la pensión y pinta todo el frío que siente dentro y también fuera de su cuerpo mojado.

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