El fenómeno empático

Era el mejor. Lo dicen todos los que le vieron. Dejó de jugar con diecisiete años. Hasta esa edad le perdonaron lo de los goles, pero luego empezaron a silbarle y a insultarle. Una vez lo vi llorando dentro del campo. Sus padres lo pasaban fatal en las gradas. No había quien le quitara el balón. Jamás fallaba un pase y defendía como nadie, pero le condenaron con lo de los goles. No quería hacer fracasar a ningún portero. Por eso jamás chutaba a puerta y desde que se aproximaba al área contraria siempre jugaba hacia su propio campo. Ni siquiera llevaba bien que los goles los metieran otros compañeros. Lo llevaron a un psicólogo, y dicen que el presidente del equipo, totalmente desesperado, lo citó con un exorcista; pero nadie pudo hacer nada. No sé qué habrá sido de su vida. No lo he vuelto a ver desde hace veinte años. Jugaba como Maradona o como Messi, pero no llegó a ser como ellos por buena persona. No soportaba la cara de los porteros cuando encajaban goles. Cuando jugaban contra él los otros equipos siempre elegían porteros tristes para que se sintiera todavía más culpable.

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