El candidato

Vio la puerta abierta y entró. Le dieron una acreditación y se sentó en medio de la sala. Alguien repitió un nombre y el que estaba a su lado le dijo que era el suyo, el que aparecía en la acreditación que colgaba de su cuello. Subió al estrado, improvisó un discurso incoherente y lo eligieron candidato. Luego ganó las elecciones y hoy decide el futuro de mucha gente. Es alcalde de una ciudad en la que estaba de paso, con otro nombre, con decisiones que toma al tuntún y con una sonrisa que no se le borra nunca de la cara. No quiere preguntarse de dónde venía aquel día que entró en aquel teatro, ni tampoco quién era realmente la persona a la que le ha robado el nombre. Ya se habla de él como futuro ministro. Siempre sonríe y le da besos a la gente en los mercados y en los mítines que le organizan cada sábado. Es fotogénico y tiene un currículo con muchos másteres y muchos cursos en el extranjero.

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