El cajón de los calcetines

Estaba allí, agazapado al fondo del cajón. Cuando abres un cajón para buscar unos calcetines y te encuentras algo así no sabes qué hacer. Hay que verse en esa situación, con prisas para salir al trabajo, haciendo todo como un autómata y escuchando a tus dos hijos mientras terminan de prepararse para ir al colegio. Los niños se molestaban y al rato se estaban riendo. Todas las mañanas hacían lo mismo. Mi mujer se estaba duchando en ese momento. Yo lo seguía viendo al fondo del cajón. Si hubiera estado solo habría tratado de cogerlo; pero llegó uno de mis hijos diciéndome que su hermano le había escondido el estuche con los lápices de colores y cerré de golpe el cajón para que no lo viera. Luego entró mi mujer y no me atreví a abrirlo de nuevo. Me puse los calcetines y los zapatos y llevé a mis hijos a la escuela. Ahora estoy en el trabajo, pero no puedo dejar de pensar en aquel ser extraño que estaba agazapado en el cajón esta mañana.

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