Cristales

Había viajado a una ciudad lejana y salía del hotel vestido con traje y corbata. Luego se paraba en una hamburguesería y en el baño se cambiaba para parecer un paria. Cada vez que llegaba alguien cargado con botellas, él se ofrecía sobre la marcha para tirarlas. Le fueron a dar dinero muchas veces, y si insistían lo cogía y luego se lo entregaba al primer mendigo que encontraba por la calle. Sentía un placer inmenso cada vez que las botellas se hacían añicos o cuando chocaban unas contra otras. Él se decía siempre que cada cual tenía derecho a sus manías y que no se metía con nadie rompiendo botellas. Luego volvía a la hamburguesería, se vestía otra vez con el traje y regresaba al hotel que siempre elegía lejos de los contenedores. Cuando regresaba a su trabajo y contaba sus días de vacaciones se inventaba tardes en la playa o recorridos por los barrios monumentales de grandes ciudades. Si se queda solo, siempre cierra los ojos y recuerda el estruendo de esos días de verano.

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