El rayo

Fue a cargar el móvil y le dio calambre. Luego se acercó a nosotros y nos empezó a hablar en un idioma extraño. Su teléfono también recibe llamadas de gente que habla en ese mismo idioma. Tienen nombres raros, algunos con una sola letra. Él los escucha, se ríe con ellos y lo he visto besar la pantalla con ojos enamorados. Hasta ese calambrazo era un hombre corriente, trabajador incansable, padre de familia y un hijo del que presumían sus padres. Ahora todos se alejan de su lado. Dicen que si te acercas mucho te termina dando calambre. A él le da lo mismo. Habla con esa gente por teléfono y de vez en cuando se enciende como un rayo en las tormentas de verano.

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