Seis años

Creo en el aprendizaje diario, en el silencio de las lecturas y en las palabras de quienes también fueron aprendiendo sin aspavientos y sin pedanterías, creo en el perfeccionamiento de cada persona que se lo proponga, en la fuerza del amor, en la apuesta por las utopías y en que el tiempo, como decía Chaplin en Candilejas, es un gran autor que casi siempre da con el final perfecto. En seis años he aprendido que los paraísos están mucho más cerca de lo que parecen.

2 opiniones en “Seis años”

  1. ¿Seis años?, ¿de blog? Si es así, felicidades por esos seis años de aprendizaje diario, y por compartirlos, y que esta ventana al paisaje de la lectura continúe abierta muchos más.
    Me alegro de estos seis años. A menudo te refieres con gratitud a las maestras que te enseñaron a amar la lectura, y tal es mi caso, pues durante estos seis años yo también he aprendido a amar la vida que palpita en las palabras, podría decir que aquí he aprendido a leer, a comprender el verdadero valor de la lectura, hoy yo también sé que el paraíso está más cerca de lo que parece, pues los sueños más hermosos, las utopías y el paraíso habitan en el corazón de las personas, en uno mismo, en el profundo lugar donde nacen y viven las palabras.
    No es un tema trivial, aunque no lo parezca la mayoría de las personas no sabemos leer. A través de la lectura adquirimos el conocimiento pero no tenemos la paciencia para asimilar la sensibilidad, que es lo más importante que tenemos como especie, lo que realmente hace honor al apellido sapiens, la cualidad que haría posible cualquier paraíso, incluso en medio del infierno. Fomentar la Cultura es mantener viva la esperanza en la Humanidad y en el Hombre. Yo creo que no es exagerado.

  2. Sí, los paraísos están mucho más cerca de lo que parecen. Yo también lo creo. Los paraísos son como esas mariposas eternamente esquivas que mortifican a los niños en los parques, cuando parece que vas atrapar una siempre se escapa a unos metros más allá, eternamente inalcanzables, como los sueños más hermosos, como las utopías, como los paraísos. Pero el desengaño es una conclusión precipitada… Paciencia, paciencia, la vida no es alcanzar ninguna meta.
    Cuando yo era niño, tan pequeño que aún no tenía edad, tuve un travieso encuentro con la realidad: acababa de anochecer, yo estaba solo en un patio de altos muros, fascinado con las luces del cielo nocturno, y justo en lo alto de la pared occidental estaba sonriente la luna, al alcance de mi mano sobre de una inmensa escalera de pintor que casualmente alguien dejó apoyada allí, y a mi pequeña voluntad se le antojó trepar para acercarme a la reina de la noche, y quizás para tocarla, para besarla, y comencé a trepar, y me enfrenté en una épica batalla a mis demonios del miedo, que a cada peldaño se volvían más grandes y fuertes, y tras derrotarlos a todos alcancé la cima de las victorias amargas, donde me esperaba la realidad, que me descubrió el yermo paisaje de la decepción… pues allí arriba seguía la luna, tan eternamente inalcanzable, como los sueños más hermosos, como las utopías, como los paraísos. Y descendí de las alturas, creyendo que había aprendido una devastadora lección: que somos esclavos de la realidad, y que será ella quien juzgue los sueños que nos habitan. Supongo que así llegan muchos a la edad adulta, arrasados por la realidad, reducidos a una amarga escoria de lo que un día fue un niño feliz… Paciencia, paciencia, la vida no es alcanzar ninguna meta, es un eterno dejarse enseñar y sorprender.
    Ser un buen alumno de la realidad y sus reglas, observarse a uno mismo en el espejo de los demás, conocerse, comprenderse y aceptarse tal cual se es, valorar y agradecer los humildes tesoros que nos rodean, respetar, amar, amar y amar, atender pacientemente a las enseñanzas de la vida y despreocuparse del tiempo mientras teje un final adecuado… y aunque el aprendizaje no cesará nunca hoy ya sé que el paraíso está más cerca de lo que parece, pues los sueños más hermosos, las utopías y el paraíso habitan en el corazón de las personas, sí, claro que lo sé: ¡yo soy el Paraíso! Ya hace tiempo que lo sé, y cada vez que miro a la cómplice luna recuerdo que no es la realidad la que dicta mis sueños, mis convicciones y mis afectos, lo sé porque un día me armé de voluntad, volví a subír a las alturas y a pesar de la realidad besé a la luna a través de la infinita distancia; y así continuaré siempre: burlando las reglas de la realidad desde lo más hondo de mí.
    Bueno, otra vez se me ha ido la mano, perdón. Saludos, y gracias por estos seis años.

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