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Datana

La historia se cuenta o se imagina. La isla de Gran Canaria ha tenido excelentes historiadores que la han contado, pero pocos escritores que la imaginaran en aquellos años convulsos en donde se cruzaban la piedra y el metal, los vencedores y los vencidos, los que habitaban una especie de paraíso edénico y los que llegaron buscando expandir su imperio. Llevaban viniendo hacía tiempo, portugueses, normandos, mallorquines, pero llegó un momento en que esos invasores ya fueron invencibles con las piedras y los palos. Fueron los años de Tenesor Semidán, alguien que fue tachado injustamente de traidor, y para saber más de lo que digo remito a ese libro excelente que es La conquista de Tamarant, de Normando Moreno Santana, cualquiera de los trabajos de Manuel Lobo o de Faneque Hernández Bautista.
Pero yo quería escribir de la ficción de la historia, y concretamente de Datana, de Carlos González Sosa, una magnífica novela, altamente recomendable, para entender y para entendernos, para saber qué pasó más allá de la fecha y de los datos hace algo más de quinientos años entre los mismos barrancos que vemos a diario. Carlos González Sosa ha realizado un trabajo enjundioso de documentación histórica antes de dar vida literaria a personajes que fueron reales, pero que en la novela forman parte de una trama creíble, intrigante, dolorosa a veces, épica otras, pero siempre con un tono narrativo que te va atrapando desde el primer párrafo. Creo que hacía falta un libro como Datana, que es necesario que llegue a los colegios, porque es un libro con alma y sin extremismos ni planteamientos maniqueos, es subjetivo porque es literario, pero esa subjetividad es justamente lo que lo engrandece, lo que hace que vayas pasando las páginas para conocer mejor a Pedro de Vera, a Juan Rejón, a Doramas, a Adargoma o a Bentejuí y Tasarte. Todos tuvieron su papel en aquella historia que es nuestra historia y que durante años se han negado a que la conociéramos, y quizá por eso la hemos repetido tantas veces sin darnos cuenta. Quien me conoce sabe que hace tiempo que trato de buscar todo lo que puedo sobre la figura de Tenesor Semidán, antes y después de ser bautizado como Fernando Guanarteme. También transito siempre que puedo por El Museo Canario, para mí el gran tesoro desconocido por muchos grancanarios, un museo en el que uno se acerca a la memoria de otros tiempos desde lo cotidiano de esos tiempos olvidados que Carlos González Sosa ha llevado a la literatura de forma prodigiosa. Les invito a que busquen Datana. Disfrutarán aprendiendo y aprenderán disfrutando. Un libro necesario, una novela que nos cuenta desde ese pasado que otros se empeñan en ocultar todo el rato. Y no era fácil escribir un libro tan ambicioso como ese, pero el autor ha trabajado a conciencia y ha conseguido que nos emocionemos en muchas de sus páginas.

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Alas de mariposa blanca

La habían pisoteado. Yo la recogí. Llegué a sentir el temblor de sus alas, como si fuera un pájaro. Estaba pegada al suelo y quedó un rastro blanco, como de nieve, en el asfalto. La coloqué junto a una ventana de la calle, para que siguiera en las alturas, aun después de muerta. Todavía siento la seda de su tacto entre mis dedos.