Alas de mariposa blanca

La habían pisoteado. Yo la recogí. Llegué a sentir el temblor de sus alas, como si fuera un pájaro. Estaba pegada al suelo y quedó un rastro blanco, como de nieve, en el asfalto. La coloqué junto a una ventana de la calle, para que siguiera en las alturas, aun después de muerta. Todavía siento la seda de su tacto entre mis dedos.

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