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Las monedas

Se encontró aquella moneda en medio de la calle. Alguien le dijo que le daría suerte, pero la guardó entre las otras que tenía en el bolsillo y luego, sin saber que era la moneda encontrada en la calle, la puso en el forro de la guitarra de un músico que tocaba en una plaza. A ese músico lo oyó ese mismo día un importante mánager extranjero. Hoy está cantando en la tele. Lo escuchó pero no lo relacionó con el que se había encontrado hacía meses en la plaza. Él sigue donde mismo estaba, esperando a que un día la suerte lo rescate del anonimato.

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La confrontación como estrategia

Vivo en un Estado de Derecho y viví el final de una dictadura. Recuerdo la grisura y el miedo, las voces bajas, la falta de libertad, la prepotencia del cacique y las bravuconadas de los franquistas. Pero todo eso fue quedando atrás y logramos consensuar una Constitución, y dentro de la misma hemos vivido en libertad y concordia durante muchos años. Se nos fueron de las manos muchas corruptelas y dejamos que se asentaran demasiadas injusticias sociales, pero siempre sabíamos que en cualquier momento podíamos levantar la mano y tratar de cambiar esas imperfecciones dentro de la propia democracia.
Quizá es necesaria una reforma de la Constitución, pero es que la propia Carta Magna permite ese cambio, nuevamente consensuado y siguiendo las normas que nos permiten convivir a todos desde 1978. El 27 de octubre de 2017 vivimos uno de los peores días para esta democracia, pero creo que ahora más que nunca hay que estar del lado del orden, de la libertad y de las leyes que hemos pactado para vivir en paz y con las mismas oportunidades. El independentismo radical catalán se ha empeñado en repetir una y mil veces, hasta creer su propia mentira, y hasta que sus niños la creyeran como una certeza, que vivimos en un estado opresor y dictatorial. Como siempre, las palabras son las mejores o las peores armas según quien las combine y según qué intereses mueva esas frases y esos sentimientos que tanto gustan a los demagogos.
Nos queda la ley y su cumplimiento. Todo lo demás es imposición, subversión e insolidaridad con quienes convivimos en un Estado de Derecho, no con quienes nos gobiernan sino con quienes cumplimos esas leyes cada día para poder vivir sin que nadie se imponga nunca por la fuerza. Se puede plantear esa reforma constitucional y se puede pactar un referéndum cumpliendo con los deberes y los derechos que emanen de esa reforma, pero lo que han hecho en Catalunya es imponer de una forma irresponsable, ególatra y chulesca, una independencia que tendrá unas consecuencias terribles en la vida de todos nosotros. Y lo peor es que esa decisión se ha tomado a sabiendas de esas terribles consecuencias y de todo lo que conllevará aplicar el artículo 155. No será fácil reconducir esta situación. Los extremistas van siempre un paso por delante cuando saben que la ley les viene pisando los talones. Querían conflicto. Buscaban un enfrentamiento, y eso es lo que han decidido saltándose todas las normas de convivencia.

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La camisa de rayas

Nunca se dio cuenta. Habitualmente no estamos atentos a esos detalles. Elegía la ropa al azar, combinando camisas, pantalones y zapatos en medio de la prisa mañanera. Si hubiera sabido que en esas elecciones se estaba jugando su destino habría actuado de otra manera, pero nuestro destino casi nunca nos da pistas fiables de los mecanismos que activa para salirse con la suya. Los días que se vestía con aquella camisa de rayas azules todo le salía torcido. En cambio cuando elegía la camisa roja sus deseos se iban haciendo realidad de una forma milagrosa, pero nunca se dio cuenta de esas uniones entre sus vestimentas y su suerte. Realmente solo era consciente de que se vestía a primera hora de la mañana y lo único que le preocupaba es que la camisa estuviera limpia. Aquel día la camisa estaba limpia. Fue lo que reconocieron entre los escombros después del desprendimiento, aquella camisa de rayas azules y blancas que llevaba al trabajo los días en que las compañeras decían que ya venía con la escopeta cargada.