El tapón

Se lo llevaron todo. No soportaba el dolor de oídos. Hacía años que me decían que tenían que haberme eliminado aquel tapón que hacía que los aterrizajes en los aviones se convirtieran en un suplicio. Me quitaron aquel cerumen y me dijeron que ya estaba curado. Han pasado dos años y ya no he vuelto a escribir ni una sola palabra. Todas las voces que sonaban en mis adentros cuando escribía novelas estaban en aquella masa viscosa. Yo lo intuía pero no quise que me tomaran por loco. Ahora tampoco he comentado nada. Me encierro en mi despacho y todo es silencio. También es parte de ese silencio la hoja en blanco que voy arrancando cada día de la libreta. Esto que leo ahora ya lo había trazado el día antes de que me quitaran el tapón que me mantenía conectado con aquellas voces extrañas.

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