El otro Garrincha

Vivía en San Juan y era muy bueno jugando al fútbol. La cojera con la que a veces amanece le viene de aquellos años. Le rompieron la tibia y el peroné de una patada. Todos decían que si no lo hubieran lesionado hubiera llegado lejos. Le llamaban Garrincha. Los días de mucho frío apenas puede dar un paso cuando se levanta. Alguna vez le pregunté que cómo se llamaba el jugador que le había lesionado. Siempre decía que no se acordaba, pero es imposible que alguien olvide el nombre de quien le destroza todos sus sueños de una patada. En aquellos años jugaba en los juveniles de la Unión Deportiva Las Palmas. También tuvo mala suerte con los médicos. Le dijeron que podía estar agradecido por no haberse quedado cojo de por vida. No podría seguir jugando al fútbol pero sí hacer una vida normal. Por eso pudo trabajar de camarero. Solo le duele cuando cambia el tiempo. Hoy en día, con una lesión como la que tuvo, cualquier jugador vuelve a los terrenos de juego.

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