La música y la fuerza

Todos los días desde hacía diez años coincidían frente a frente en la misma calle. Los dos querían ocupar la misma esquina. Había otras muchas esquinas en la ciudad, y en algunas podían ganar mucho más dinero, pero se empeñaron en esa desde el día que echaron un pulso en un bar cercano. Se han convertido en dos virtuosos, pero no gana el que toca mejor sino el más fuerte. Sacan los violines de los estuches, se quitan las camisas y enseñan sus bíceps de forma desafiante. Cada cual sabe reconocer la musculación del otro y se va el que se da cuenta de que no ganaría el pulso si volvieran a retarse como hace diez años. El que pierde toca en otra esquina alejada, recoge las monedas y se dirige al gimnasio para hacer pesas. Levanta las mancuernas memorizando las melodías que tocará al día siguiente en esa esquina deseada.

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