El tacón

Yo esperaba a que me atendieran en la caja. Ella estaba hablando con dos clientes en otra mesa de la oficina. Les sonreía y les contaba maravillas de las condiciones de una hipoteca y de un plan de pensiones. Yo me estaba fijando en sus tacones. Deberían poner mesas cerradas en las oficinas bancarias. Mientras sonreía, la punta del tacón no paraba de clavarse en el suelo con inquina. Como si estuviera pisoteando insectos.

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