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Los sumergidos

Leía en la orilla de la playa una novela con muchos personajes y con una trama situada en Praga a principios del siglo XX. Se quedó dormido con el libro sobre su barriga. Luego se despertó, se dio un baño y se fue a su casa sin acordarse de la historia que estaba leyendo. El libro quedó recubierto de arena en aquella playa. Lo dejó olvidado. Fue de madrugada, al despertar sobresaltado, cuando escuchó los gritos de todos aquellos personajes dentro de su barriga. Querían salir, pero no sabían que el libro lo había arrastrado la marea y que estaban en el fondo del océano como los pecios olvidados para siempre.

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La música y la fuerza

Todos los días desde hacía diez años coincidían frente a frente en la misma calle. Los dos querían ocupar la misma esquina. Había otras muchas esquinas en la ciudad, y en algunas podían ganar mucho más dinero, pero se empeñaron en esa desde el día que echaron un pulso en un bar cercano. Se han convertido en dos virtuosos, pero no gana el que toca mejor sino el más fuerte. Sacan los violines de los estuches, se quitan las camisas y enseñan sus bíceps de forma desafiante. Cada cual sabe reconocer la musculación del otro y se va el que se da cuenta de que no ganaría el pulso si volvieran a retarse como hace diez años. El que pierde toca en otra esquina alejada, recoge las monedas y se dirige al gimnasio para hacer pesas. Levanta las mancuernas memorizando las melodías que tocará al día siguiente en esa esquina deseada.

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Mientras mueres

Hay un hombre que camina junto a una niña. Parecen sombras. Todos parecemos sombras si nos miran a una cierta distancia. Esa portada me recordó a La Carretera de Cormac McCarthy, pero el horizonte, en este caso, se perdía en Anaga. El hombre llevaba una pistola en su mano izquierda y la niña abría la mano que tenía separada como buscando otra sombra que la acompañara, alguna de esas presencias que fueron importantes y que vamos perdiendo a medida que cumplimos años. Esa es la portada de Mientras mueres, la nueva novela del escritor tinerfeño Javier Hernández Velázquez, en mi opinión su mejor novela, la que más se acerca a la condición humana y a todos esos miedos que a veces nos atenazan.
Javier Hernández plantea un archipiélago canario en manos de Marruecos y de mafias internacionales, pero la trama viaja por muchos países y te va sorprendiendo a medida que pasas las páginas. Y de fondo está el fútbol. Ha habido mucha literatura con el fútbol como protagonista. Recuerdo La soledad del portero ante el penalti, de Peter Handke, y en lo cercano podemos recordar El futbolista asesino de Nicolás Melini, o esa maravilla con el alter ego de Correa como protagonista que es Cuando éramos los mejores, de Armas Marcelo, sin olvidar, Fútbol a sol y sombra, de Galeano, El fantasista, de Hernán Rivera Letelier, una novela que leía hace años y que me fascinó, o aquella historia de Benedetti titulada El césped, que describía los azares del deporte. En la novela de Javier Hernández hay un juego constante de realidad y ficción que te recuerda todos los puntos de vista que tiene la existencia a poco que uno cambie los nombres y los viajes de los protagonistas. Al mismo tiempo, es una novela con mucha documentación de fondo, con mucho trabajo previo, en donde las ciudades que van apareciendo se cuentan con todos los detalles necesarios para que nos veamos recorriendo cada una de sus calles como si hubiéramos estado en ellas cientos de veces. En el Tenerife recuerdo que jugaron dos alemanes, Neuville y el portero Enke, pero Javier se inventa un tercer fichaje que estuvo en muchos de los partidos memorables de aquella década dorada para el equipo blanquiazul, y el propio Heynkes, el que fuera entrenador en aquellos años del Club Deportivo Tenerife, entrena a Vettel, que lejos de conducir un bólido de Fórmula Uno se mueve entre los enredos de una búsqueda desesperada que le lleva a acercarse a los bajos fondos, y a esas alturas en las que a veces no es oro todo lo que reluce. La sombra del padre que contaba al principio busca a una hija desesperadamente. En este caso, Ítaca es una niña que está secuestrada y una isla que casi no reconocemos y que podía ser real en cualquier momento. La novela es el camino, esa singladura a través de la que nos seguimos asomando a la vida.