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Todo el amor del mundo

Solo se quedó con todo lo bueno que habían compartido. Fueron casi ocho años juntos, muchas risas, mucho amor y mucha complicidad detrás de cada mirada. Saben que emprenden caminos distintos, y que tal vez no vuelvan a coincidir nunca más en la misma mesa y en la misma cama, los dos solos, pensando que la vida era algo más que respirar y que dejar pasar los días en el calendario. Tanto amor no pudo evitar el desastre. Prefieren no hacerse preguntas y dejar que la corriente de la vida les siga llevando hacia donde estén escritos sus próximos caminos. Se apenan pensando en todo lo que dejan atrás, pero al mismo tiempo asumen, porque los dos se conocen de sobra después de tantos años, que hay veces en que ni siquiera todo el amor del mundo logra detener lo inevitable.

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El políglota

Escribía y, a medida que lo iba haciendo, las palabras cambiaban de idioma sin ningún criterio. Él solo hablaba y escribía su lengua materna, pero en cada uno de aquellos textos podía utilizar correctamente una decena de idiomas y dialectos sin cometer ninguna falta de ortografía. Sabía perfectamente lo que iba exponiendo, y cuando le traducían lo escrito se ajustaba a sus emociones y a sus pensamientos. Lo llamaban de muchas partes para que impartiera conferencias, pero él repetía siempre que aquello era una especie de regalo que no le había costado ningún esfuerzo. Los textos terminaban siendo bellos por los trazos. Lo de menos era lo que decían. Había mucha magia en aquella combinación de símbolos que se entremezclaban azarosamente alternando caracteres y sonoridades diferentes.

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La buena mano

Un día le dijeron que su mano era especial. Tenía trazadas todas esas líneas que identifican a los afortunados y a los triunfadores. Se sacó una foto para que se la leyera una quiromántica canadiense que aseguraban que era la que más sabía de esos trazos. Lo que no sabía es que unos chinos habían copiado los dibujos de aquella foto y que luego los habían grabado en sus propias manos para buscar la fortuna. Habían clonado su destino y su suerte. Decenas de miles de asiáticos le habían robado la única fortuna que le habían regalado los hados.