Publicado el

Buenos Días

Todo estaba oscuro. La pantalla estaba apagada todavía. Dependía de la máquina y del servidor que le daba la vida. Él seguía en la cama con los ojos cerrados. A lo lejos escuchaba gritos de niños en el patio de un colegio. Él también había sido un niño que corría libre durante los recreos. Sin abrir los ojos encendió el aparato. Cuando ya estaba seguro de que estaba visible escribió buenos días en un fondo blanco que se parecía al fondo de sus propios ojos cuando se miraba mucho tiempo en el espejo. Tuvo cientos de respuestas de otros seres que hasta hacía unos minutos tampoco sabían si estaban vivos o muertos.

Publicado el

El enjaulado

Alguien le dijo que tenía luz interior, una especie de aura que irradiaba donde quiera que aparecía. Fue entonces cuando empezó a creerse que era una especie de elegido. Sonreía bobaliconamente cuando le hablabas y decía que le importaban un bledo el dinero, el colegio de los niños o la hipoteca que tenía comprometida para los próximos quince años. Todo aquel misticismo le duró unos seis meses. Ahora no se mira al espejo ni para afeitarse. Nos pidió dinero prestado. Dijo que lo devolvería. Se lo dejamos, por sus hijos y porque en el fondo todos sabíamos que aquella manía mesiánica se le acabaría pasando. No superó la separación y estaba inmerso en la crisis de los cuarenta: le vino todo junto y se quiso agarrar a un clavo ardiendo para no tener que afrontar el duelo y los compromisos. Ahora se ríe de todo aquello, pero yo he visto claramente aquel aura que le reconocieron los que saben de esos misticismos. No me he atrevido a decirle nada, pero a lo mejor es verdad que estamos enjaulando a un ángel sin darnos cuenta. Hoy ha sacado un catálogo con el coche de lujo que va a comprarse en los próximos días. Ha pasado de un extremo al otro, como si quisiera alejarse todo lo posible de su propio destino.

Publicado el

El otro lector

Los primeros días me preocupé un poco, pero ahora ya llego a la cama, enciendo la luz de la mesa de noche y abro el libro por donde está marcado. Vivo solo hace muchos años y a la habitación en la que duermo no entra nunca nadie. Hace años, cuando dejaba un libro marcado, por ejemplo en la página 32, lo encontraba al día siguiente en la página 64. Quien movía las hojas leía exactamente la misma cantidad de páginas que yo. Hace tiempo que me pierdo la mitad del argumento de las novelas. Solo hace eso con las novelas. Me respeta la lectura cuando leo ensayos o poemas. Luego, cuando me preguntan por los argumentos o los detalles de esas novelas, me sorprendo contestando con datos que no llegué a leer nunca. Por eso imagino que quien lee a escondidas tiene mucho que ver conmigo y que tal vez la parte del cerebro que utilizo aún no está preparada para reconocer a todos esos otros que hacen vida conmigo en los libros.