El otro pintor

Cuanto más a broma se tomaba a sí mismo más seria se ponía la gente. Pintaba muchas horas cada día y luego salía a caminar por los campos o a recorrer las playas. También le encantaba deambular por las calles mirando a la gente. La vida le parecía un gran espectáculo diario. El mundo del arte le traía al pairo, y eso que hablaban de él en todas partes y que era un tipo admirado. Todo eso le creaba enemigos que ni siquiera conocía: pero no hacía más que sonreír a todas horas alejado de esa feria de vanidades que suele terminar matando la creatividad de quienes se creen genios antes de que el tiempo los haya juzgado convenientemente.

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