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Escaparates

Todas las vísperas de Reyes se sientan en las puertas de los negocios y recuerdan los tiempos en que en esa calle no se podía ni caminar entre el gentío que iba y venía cargado de paquetes. Los más jóvenes no se creen esa vida comercial de antaño. Cuando cerraron los negocios las abandonaron a su suerte. Perdieron los brazos o las piernas, pero todas mantienen intactas las sonrisas. Algunas se sigan asomando hasta las rebajas de enero, y luego vuelven a esa penumbra mustia de los escaparates que no se renuevan desde muchos años.

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El hacedor

Dibujaba pájaros y luego echaba a volar los papeles desde la azotea de su edificio. Algunos se marchaban tan lejos que parecía mentira que no fueran aves que confundían el plumaje con las hojas de la libreta. Él era un tipo que siempre estaba sonriendo. Nadie sabía que subía a las azoteas cada tarde a la vuelta del trabajo y antes de recoger a los niños en el conservatorio. Algunas veces veía a sus pájaros menos volanderos pisoteados por las aceras, pero él sabía que casi todos se salvaban más allá de donde alcanzan los ojos. Llevaba haciendo eso desde los veinte años y nadie le había descubierto nunca esa doble vida de hacedor de pájaros en hojas casi siempre manuscritas.

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Los juglares

Los juglares atraviesan siglos cambiando solo los acordes y los nombres de las historias que van contando por las calles y las plazas. Hoy los encontré de nuevo, como bardos medievales extraviados en el tiempo. Bailaban y cantaban en una calle peatonal de mi ciudad. Eché unas monedas y seguí caminando, pero a medida que me alejaba tenía la sensación de que mis pasos eran solo un espejismo imaginado. Si cerraba los ojos, yo aún era aquel poeta de hacía muchos siglos que recitaba romances por las plazas de los pueblos. Algunas mañanas me levanto y repito nombres que no me suenan de nada, o recuerdo historias que luego escribo y que uno tiene la sensación de haber vivido antes. Un juglar es un bardo con memoria, y la memoria, con los años, se acaba confundiendo con los sueños, incluso cuando uno no recuerda nada de otros tiempos y de otras calles en las que también contaba las vidas que pasan.