Alberto y Alejandro

Cambió de nombre. Aquella ciudad nueva no conoció nunca a Alberto. Allí fue siempre Alejandro. Trató de pensar de otra manera. Y hablaba con otro tono y otras palabras. Nunca regresó adonde fue Alberto. Pero algunas noches soñaba con ese nombre. Y con quienes lo habían pronunciado cuando lo amaban.

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