Las sombras del Moldava

Ellos siguieron de largo. Ni siquiera llegaron a mirarse. Él iba pensando en el juicio que tenía en el Juzgado. Era abogado. Y ella trataba de buscar la manera de explicar a los alumnos lo que era la física cuántica. Era profesora. Sus sombras sí se reconocieron de inmediato. Y se juntaron una milésima de segundo cuando pasaban junto a una tienda de ropa. Esas sombras se habían amado cuando ellos tenían otros cuerpos, hacía mil años, junto a la ribera del río Moldava.

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