El ruso

Escribía con tiempos equivocados. Su humor dependía del clima. Si llovía sus textos se volvían melancólicos y cuando brillaba el sol cada palabra arrastraba una estela de verano. Vivía en Mogán. Viajaba mucho, pero cuando escribía estaba varios meses sin moverse de un lugar y sin abrir las ventanas. Miraba la aplicación del Iphone para saber cómo estaba el día fuera de su casa y según viera el dibujo virtual en la pantalla recreaba las historias para sus novelas. Siempre fue un despistado. Por eso escribía en Mogán como si fuera Dostoyevski. Su aplicación se había quedado conectada en su último viaje a San Petersburgo y llevaba varios meses escribiendo como si fuera un ruso bajo el intenso cielo azul de Gran Canaria.

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