El abrazo

Se quedó encerrado en su abrigo. La cremallera lo aprisionó a la altura del pecho, atrapó sus manos, que se enredaron de tal forma en el forro interior, que quedaron totalmente paralizadas. Estaba solo en mitad del parque, en Londres, en una fría mañana de enero. El juez no sabía qué escribir en su informe cuando estaba redactando el atestado. No había signos de violencia. Parecía como si aquel hombre se hubiera querido morir en su propio abrazo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.