El penalti

Quería fallar aquel penalti. No sabe qué le pasó por la cabeza. Final del Mundial. Tiempo de descuento. Cero a cero. Lo pensó en el momento en que colocaba el balón sobre la mancha de cal. El portero se acercó y le miró con cara de pena. Él sabía que se tiraba siempre para el mismo lado. Sus compañeros le nombraron a un entrenador que había muerto hacía un año, le hablaron de sus hijos, de sus padres, de la historia que les aguardaba y del paseo triunfal por la capital. Siempre ponía el balón donde quería. Lo quiso colocar a pocos centímetros del poste para que el fallo no fuera clamoroso, pero el imbécil del portero se tiró por vez primera hacia el lado derecho y en medio de la confusión de la caída acabó metiendo el balón en la portería. No celebró el gol. Todos dijeron que era por la emoción del momento. El meta desapareció para siempre después de aquel partido. Lo agasajan y lo veneran en todas partes; pero él solo piensa en qué habrá sido del portero que aquel día decidió tirarse hacia el lado equivocado.

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