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El bardino

La primera vez fue en la Caleta de Famara, casi al amanecer, los dos solos en el mundo. Apareció corriendo por la arena y se acercó hasta mí. Me olió y volvió a perderse en el final de la playa, más allá del acantilado. La segunda vez nos encontramos en la playa de Guayedra, también sin nadie alrededor. Llegó con el mismo trote alocado, me miró, volvió a oler mis pies desnudos y siguió corriendo en dirección al barranco. Ayer nos encontramos nuevamente. Llovía y en El Confital no había absolutamente nadie. Apareció como de la nada. Yo solo tuve miedo aquella primera vez en Famara. Ahora me quedo quieto y espero a que me huela y me reconozca. Parece como si llegara de vez en cuando a cerciorarse de que sigo vivo. No sé si han mirado alguna vez a los ojos de un bardino. A mí se me ha cruzado tres veces el mismo perro en tres orillas diferentes. Y en cada una de ellas se llevó en su mirada todo el pasado que no valía la pena guardar en ninguna parte.

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Campanas lejanas

Entre un sueño y otro suenan campanas lejanas que te despiertan en mitad de la noche. Solo te desvelas unos segundos. Luego sigues durmiendo y olvidas. Y amaneces en otro lugar y te crees que es el mismo en el que te habías quedado dormido.Tardas en abrir los ojos. Pero reconoces las caras y los nombres. Y hasta la casa que habitas. Alguien te da los buenos días y tú devuelves el saludo. Desayunas escuchando las campanas. Son las ocho de la mañana y un perro se acerca para que lo saques. Hoy es domingo. Lo sabes porque todos los domingos se repiten. Y esa mujer te sonríe y te besa despacio. Tú entonces cierras los ojos y quieres creer que estás enamorado.

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La R del Scrabble

Casi nunca miraba al suelo cuando caminaba por la calle, pero aquella mañana, tras las intensas lluvias que habían caído en la ciudad, había grandes charcos por todas partes. Trataba de saltarlos con cuidado, aunque de vez en cuando terminaba metiendo el pie en alguno de ellos. Fue entonces cuando reconoció la letra R del Scrabble en medio de los adoquines. Y se acordó de Rosa, que siempre firmaba las cartas con la primera letra de su nombre. No sabía dónde había metido aquellas cartas. Rosa fue su primera novia, y los novios entonces se escribían cartas apasionadas cuando estaban separados. Se agachó y cogió la R que había en el suelo. En la esquina siguiente se la encontró. Iba hablando sola por la calle, desaliñada, como perdida en medio de la gente, completamente empapada. Sabía que era ella, pero siguió de largo con el recuerdo de cómo era cuando le escribía las cartas que terminaba firmando con la misma tipografía que aquella letra.