Música de fondo

Decía que no podía parar de bailar. Tenía solo cuatro años y era imposible que hubiera aprendido todos aquellos pasos que interpretaba casi a la perfección. Jamás había bailado antes. Sonó la música y se transformó de inmediato. Cuando cambió la melodía volvió a la impericia de quien confunde el baile con un par de saltos. La música era de un compositor ruso del siglo diecinueve. Había compuesto aquella pieza para una bailarina de la que estaba perdidamente enamorado. Nunca le hizo caso, pero se conoce que ella sigue reconociéndose cada vez que suenan esos acordes. El músico puede que se sea el que decide la programación del hilo musical de esos grandes almacenes en el que esa niña decía que no podía dejar de bailar la melodía que sonaba de fondo.

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