Los rostros intercambiables

Colocaba fotos de gente que no conocía en su mesa de trabajo. Las iba comprando en los viajes o las encontraba en los contenedores. Escribía sus recuerdos, sus nombres y sus parentescos. Luego las rompía en mil pedazos y las reemplazaba por otras. Nunca le duraban las mismas fotos más de seis semanas.

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