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La inédita

No había publicado nunca nada.  Cada vez que escribía dudaba de los tiempos verbales. Comenzaba en presente y en mitad del relato cambiaba al futuro o al pasado. Narraba siempre en primera persona, aunque se empeñara en contar que no hablaba nunca de ella misma. Cuando publicaba verbos en futuro desaparecía de repente de nuestra vista. Si escribía en pasado, envejecía repentinamente y las arrugas entristecían su semblante. Ella no se daba cuenta de nada. Éramos nosotros, que ya estábamos muertos hacía muchos años, los que veíamos cómo aparecía y desaparecía según los verbos que utilizara en esos textos inéditos que acababa rompiendo en mil pedazos cada mañana. 

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Las confusiones

Estaba acostumbrado a que ella confundiera su nombre todo el rato. No le importaba cómo le llamaba. Lo único que quería es que cada mañana le buscara entre las sábanas cuando él aún tenía los ojos cerrados y podía ser cualquiera de aquellos hombres que ella imaginaba entre sus brazos.

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La taquillera y el cantante

Cantaba boleros en la calle. No tenía un horario fijo. Llegaba, cantaba y se marchaba cuando consideraba que ya tenía el dinero suficiente. Vivía al día. Con el dinero de la pensión pagaba la comida y una habitación con cuarto de baño en un hostal venido a menos. Cantaba para ir al cine todos los días. Desde que tenía el dinero para la entrada se volvía a su cuarto y esperaba a que empezara la sesión de la tarde. No le importaba ver la misma película muchas veces. Solo vivía para cantar y para ver un rato las otras vidas que se aparecían en las pantallas. Todo lo demás le daba lo mismo. Ella lo veía todos los días cuando pasaba por aquella calle. Le daba la moneda a otra amiga para que se la pusiera en el plato. Le pagaba la mitad de la entrada que él le pedía luego en la taquilla. Cuando eran jóvenes se miraban muchas veces al cruzarse por la calle. Ella entonces soñaba a todas horas con que un joven como él la invitara al cine. Nunca la invitó nadie al cine. Quizá por eso aceptó ese trabajo, para soñar que cada uno de esos hombres solitarios querrían invitarla a ver la película con ellos. Ese cantante nunca la mira a los ojos cuando pide la entrada.