La mala letra

No entendía su propia letra. Le había sucedido varias veces, pero estaba seguro de que ese pequeño texto era de lo mejor que había escrito en su vida. Lo trazó a mano. Era capaz de entender algunas palabras sueltas: contingencia, ajedrez, sucedáneo, metáfora, alambique, precisión…Solo le quedaban esas palabras sembradas entre rayones y trazos incomprensibles. Sabía que había escrito sobre el azar. Todas las tardes contaba lo mismo. Si acaso incorporaba alguna palabra nueva. De vez en cuando se acercaba una enfermera con pastillas y un vaso de agua. Le hablaba con diminutivos. Tenía ochenta y dos años. Había trabajado toda la vida en un banco. Cuando era joven quería ser poeta.

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