El corrector

Cuando escribo magua no quiero decir magia. Hay veces que entiendo tus errores y lo que hago es corregirte yo a ti cuando tú ya crees que has cambiado mi texto. Todavía tenemos algo de poder sobre ustedes, aunque es cierto que hay veces en que logras ponerme de los nervios. No hay manera de que aprendas lo que es la magua (ahora mismo me lo acabas de cambiar nuevamente por magia), y a mí un corrector que no conozca la magua (te empeñas otra vez, pero es en balde) no me vale para mis textos. Me da lo mismo que me subrayes la palabra en rojo. Sin magua jamás podría escribir del otoño. La magia también es importante, pero muchos de los textos que valen la pena nacen justamente de todo aquello que vamos perdiendo o que añoramos sin darnos cuenta. Eso se llama magua (ya veo que no te das por vencido), y gracias a esa extraña sensación podemos contar que octubre sigue deshojando cada tarde lo poco que nos va quedando de la primavera.

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