Galeradas

En una corrección siempre se pierde algo. El libro que finalmente lees ha tenido muchas palabras de las que nunca tendrás noticias y personajes que no llegaron a ninguna parte. La vida de cualquiera de nosotros también está llena de galeradas que solo conocemos los que transitamos por sus días y por sus párrafos.
Acabo de leer en un texto de Juancho Armas Marcelo que, según García Márquez, tenemos una vida pública, una privada y otra secreta. Por más que corrijamos vamos dejando pistas de cada una de ellas en nuestro propio recuerdo. Las biografías también se escriben con lo que hemos ido perdiendo o rechazando a lo largo de los años. Como los libros, también tenemos múltiples lecturas. A veces todo depende de la interpretación de una palabra o de un estado de ánimo. Ayer estuve viendo algunas galeradas de las novelas de Pérez Galdós. En el capítulo de Fortunata y Jacinta en el que presenta a Juan Santa Cruz en la facultad de Derecho había palabras tachadas, sugerencias, cambios de adjetivos y signos de puntuación que cambiaban por completo el ritmo de la narración. Una coma puede variar de arriba abajo la musicalidad y hasta el propio entendimiento de un texto. También a nosotros nos cambia cualquier gesto, un viento inesperado o una mirada que quizá ya venimos intuyendo mucho antes de que empecemos a escribir un capítulo nuevo en nuestra novela diaria.

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