Lilian

Dejó dicho que no quería ni entierros, ni duelos, ni parafernalias mortuorias. Llamó hace unas semanas para preguntarme por mis cosas, y como casi siempre yo apenas le pregunté por las suyas. Me gustaba su manera de afrontar las supuestas desgracias. En su caso solo eran un nuevo acicate para buscar nuevos motivos para estar más alegre. Nos conocimos en un taller de escritura de guiones cuando yo empezaba con las letras y ella ya andaba de vuelta de muchos sueños. Estuvo siempre relacionada con el mundo del periodismo y con la literatura, reinventándose una y otra vez, yendo y viniendo entre su continente y estas islas en las que era feliz a su manera, sin grandes aspavientos, pero con estruendosas carcajadas; sin lujos, pero con esa moderada felicidad que te permite dormir a pierna suelta, y además soñar sin que haya pesadillas o remordimientos del alma que te despierten. Supo que esto no es más que un tránsito de sueños, un visto y no visto que acaba cuando el corazón se detiene. Por eso se mantuvo a salvo de las vanidades y de ese estúpido juego en el que se van destrozando los que confunden la vida con el ego.
La amiga que me dio la noticia también me dijo que nos pedía a los más cercanos que nos reuniéramos para tomar unos vinos o unas cervezas alrededor de una buena mesa o en una de esas tardes que de vez en cuando te reconcilian con la conversación, el humor y el dolce far niente que andamos buscando sin darnos cuenta de que en su búsqueda no hacemos más que extraviarnos en medio de reclamos que no dan ni para una perra chica de momentos placenteros. También quería que recordáramos los buenos momentos que vivimos cerca de ella. Cuando se marcha alguien así te das cuenta de que no derramas lágrimas ni llegas a entristecerte. La muerte se convierte en un destino inevitable, y de alguna manera sabes que quien se ha ido supo vivir sabiendo de lo que iba esto. Tuvo un aviso hace años, y desde entonces su vida fue como aquel poema de la propina que escribió Raymond Carver. No hubo día nuevo que no lo viviera como si fuera la última de las hojas de su almanaque. Le agradezco sus mensajes tan parecidos al que otro poeta, Joseph Brodsky, dejó escrito, corrigiendo a Luis XVI, cuando dijo que nunca vendrá el diluvio tras nosotros. Mañana es siempre otro día. No estará ella; pero al mismo tiempo sí seguirá estando sin penas, sin lágrimas, con todos sus buenos recuerdos a salvo. Miro al cielo y le guiño un ojo sabiendo que en alguna parte alguien me estará devolviendo unos ecos con un reconocible, afectuoso y vitalista acento uruguayo.

2 opiniones en “Lilian”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



El contenido de los comentarios a los blogs también es responsabilidad de la persona que los envía. Por todo ello, no podemos garantizar de ninguna manera la exactitud o verosimilitud de los mensajes enviados.

En los comentarios a los blogs no se permite el envío de mensajes de contenido sexista, racista, o que impliquen cualquier otro tipo de discriminación. Tampoco se permitirán mensajes difamatorios, ofensivos, ya sea en palabra o forma, que afecten a la vida privada de otras personas, que supongan amenazas, o cuyos contenidos impliquen la violación de cualquier ley española. Esto incluye los mensajes con contenidos protegidos por derechos de autor, a no ser que la persona que envía el mensaje sea la propietaria de dichos derechos.