Hijos de la nada

Nacieron cuando ya había llegado el olvido. No había palabras. Cada objeto era un sonido que aún tardaría millones de años en poder escribirse nuevamente en alguna parte. Siempre había sido así. Desde la nada aparecía una mota diminuta, una célula casi inapreciable, que poco a poco iba mutando hasta convertirse en un ser vivo inteligente que llegaba a hablar y a veces a pensar por sí mismo. Luego esos seres desaparecían, casi siempre destruidos por el afán de ser dioses de quienes solo eran hijos de esa diminuta presencia de la nada. Nunca eran los mismos, y si alguna vez lo fueron tampoco tuvieron memoria para recordarse.

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