El desmemoriado

Cuando se despertó, el dinosaurio ya se había extinguido hacía millones de años en un lugar del que nunca quería acordarse. Había bebido mucho la última noche y ni siquiera recordaba dónde se había acostado. Tampoco reconoció el tacto de la piel que tenía a su lado.
Ella se despertó y le dio los buenos días con toda naturalidad. Se duchó, se vistió y le dijo que salía para el trabajo. También le comentó que tenía mucha suerte por entrar a trabajar tan tarde y que lo daría todo por poder quedarse en la cama, o por que fuera domingo.
No sabía quién era ni dónde quedaba su trabajo. Pensó que a lo mejor el que tenía que estar en su cuerpo era el que había amanecido resacado en otra parte. Él se despertó como si no hubiera tomado una gota de alcohol en muchos años. No tenía ningún número de teléfono al que llamar.
La mujer lo volvió a encontrar recostado en la cama cuando regresó. La miraba pero no era capaz de decirle ninguna palabra. Vinieron médicos, lo metieron en extraños aparatos y finalmente lo internaron en una residencia privada. Esa mujer viene algunas tardes y se le queda mirando. A veces le sonríe o le cuenta recuerdos que a él no le suenan de nada. Había estado bebiendo mucho aquella noche. Es lo único que recuerda del pasado.

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