Sueños

Cuando duermes no haces más que fondear en tus propios abismos. A veces te despiertas desorientado o parece que regresas a la realidad como esos náufragos que ya no reconocen ni su propia cara en el espejo de las aguas. Nada de lo que piensas queda en el olvido porque el cerebro no es más que un acumulador de palabras con un mal de Diógenes que luego te sorprende en cualquiera de tus sueños. Lo que recreas en la madrugada lo vas escribiendo mientras caminas por las calles a diario. Todo acaba dependiendo de tu propia mirada o de cómo aprendas a pasar de largo ante lo que no merece la pena. El tiempo que pierdas despierto lo perderás también cuando duermas. Somos nosotros los que vamos creando todos los fantasmas que nos terminan atemorizando. Los sueños se alimentan siempre con nuestros propios argumentos.

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