Robinsones

Las islas desiertas son ahora las calles sin cobertura y sin conexión wifi. Desde hace veinticuatro horas, la zona en la que vivo se ha quedado sin esa conexión inalámbrica que nos acerca el mundo. Aislado ya no viene de isla sino de Internet. Puedes ser un náufrago en medio de Manhattan o de Hong Kong. Si no nos actualizan las pantallas, en pocas horas te puedes quedar como aquellos robinsones que regresaban a la civilización sin poder asumir los lentos cambios de entonces. Aquí todo cambia de repente en unos días, y si te alejas o te incomunican te cuesta coger el hilo de tu propio tiempo. La muerte también se ha convertido en una recreación virtual de la técnica. Solo tienes que borrarte de las redes sociales para desaparecer como si lo hicieras para siempre. Por eso los escritores de antes se movían mucho mejor entre la ficción y lo cierto. Tampoco había nadie que les dijera si cuando escribían estaban vivos o muertos. A nosotros nos matan cuando nos desconectan.

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