Perú, un país de contrastes

2018-06-11-02-43-37.jpgA menudo me encuentro a personas por el camino que al saber los lugares en los que he estado, me preguntan cuál me ha gustado más, o qué destacaría de ellos. También sobre cómo es la vida en esos lugares, cómo es la gente, y qué tal la comida. Me despido de Perú no sin antes hacer una reflexión, a grandes rasgos, sobre mi paso por este país del Sur de América.He pasado casi dos meses en Perú. Ya toca cambiar de rumbo, el viaje ha de continuar. Si bien es cierto que durante toda la travesía he visitado lugares espectaculares y he vivido experiencias asombrosas, no es un sitio que elegiría para quedarme. Las razones se las voy a exponer poco a poco. No deja de ser una valoración personal, sin ánimo de menospreciar nada ni a nadie.

 

Turismo
Antes de llegar a Perú estaba realmente emocionada. No sé porqué pero me imaginaba las calles rebosantes de cultura, músicos en las calles amenizando la vida de sus ciudadanos y mercados en los que se respira familiaridad y alegría.
En cambio lo que me encontré en prácticamente todas las ciudades en las que estuve fue desorden, griterío, mucho tráfico, y suciedad. Y con suciedad no me refiero a algunos papeles en el suelo y polvo en las aceras. No. Me refiero a toneladas y toneladas de basura esparcidas por calles y desiertos.
Perú se ha convertido en un país con una gran afluencia turística debido a su inmensa riqueza cultural, y a la gran cantidad de vestigios arqueológicos que hay. Existen tantos yacimientos que el gobierno no da avío a gestionarlos todos, ni a destinar recursos para su restauración o estudio. Y es una lástima pues es uno de los países latinos que más restos posee de innumerables civilizaciones, por no decir el que más.
Lo que también ha derivado todo esto en la existencia de una sobre explotación de los yacimientos arqueológicos. Para mi gusto son lugares tan explotados que han perdido parte de su magia. Asimismo, se hace palpable que la mayoría de los guías turísticos buscan más el dinero que el compartir la sabiduría que se extrae de cada lugar. En más de una ocasión me di cuenta que si algo no sabían, se lo inventaban.
Aún me queda por visitar la zona de Cuzco, que la he dejado para la parte final de mi viaje ya que se unen unos amigos a la aventura. Pero ya me han advertido que en Machupichu me voy a encontrar un turismo excesivamente masivo. Algunos lamentan que la situación del ordenamiento turístico del país dio un giro de 180 grados cuando Machupichu se convirtió en una de las 7 maravillas del mundo. En consecuencia, los peruanos han desarrollado cierto rechazo a los visitantes extranjeros.

 

Basura
Soy de esas personas que piensa que la humildad y la pobreza no tienen que ir de la mano de la suciedad. Hay quién me asegura que Perú es sucia porque es pobre. Pero créanme que he visto familias y hogares muy humildes, con un sueldo que no les alcanza ni para comer, y tienen los hogares más limpios y ordenados que he visto.
En Perú es muy raro encontrar una ciudad, o comunidad, que sea limpia. La suciedad se acumula en aceras y desiertos, y parece no importarles. De hecho, son pocas las personas que hacen algo para cambiar la situación.

2018-06-11-02-51-01.jpgEn mis largos viajes en guagua de norte a sur del país pude fijar mi mirada con tristeza en las grandes extensiones de desierto que hay a modo de vertedero. No podía creer lo que veían mis ojos y olía mi nariz. En muchas ocasiones cuando iba caminando por la calle, y sobre todo en los mercados, el olor era tan nauseabundo que aceleraba mi paso. Debe ser que están tan acostumbrados, que les parecerá lo normal.

2018-06-11-02-44-46.jpgEs muy común, además, que todo el mundo tire al suelo los desechos orgánicos y plásticos. La acumulación es exagerada. Cuando le hablé de la labor de Ecodunas al dueño del hostal de Nazca en el que estaba, me dijo que quería hacer algo igual en dicha ciudad. Parece que hay gente que va siendo consciente del grave problema que hay de gestión de basura. La mentalidad, aunque de manera muy lenta, va cambiando. Y espero que así sea porque ensombrece bastante la visita a Perú.

 

Gente
En cuanto a los peruanos he de decir que hay de todo. Por suerte, y como llevo haciendo durante todo el viaje, me he encontrado con bellísimas personas. Gente agradable, comprometida y generosa. Pero en este caso, creo que en rasgos generales no puedo decir lo mismo del resto.
Hay países en los que me he sentido como en casa, incluso mejor, gracias a la acogida y el calor de sus gentes. Gracias a su alegría, amabilidad y amor incondicional. No sé cuál es el motivo por el que los peruanos son la excepción. Repito que es una afirmación en general y que hay de todo. No destacan por su amabilidad y a veces parece que hasta se asustan cuando te diriges a ellos.
Además son muy insistentes y pesados. Los hombres también son muy machistas, y las mujeres también. Siempre recae sobre ellas el mayor peso de la economía familiar, pero su labor está invisibilizada y nada reconocida. Los hombres aprovechan la mínima oportunidad para regalar calificativos groseros hacia las mujeres, ya sean locales como extranjeras.
Las ciudades están llenas de ruido. El mayor negocio es tener un mototaxi. Éstos no paran de tocar las bocinas hasta dejarte sordo. Bueno los transportes públicos y los coches también lo hacen. Es como si hubieran desarrollado un lenguaje a base de bocinazos que sólo ellos entienden. Curioso pero molesto.
Eso de ir paseando con tranquilidad por la calle es una acción en peligro de extinción. Si te subes a un mototaxi es normal que temas por tu vida. La circulación es nefasta. No respetan las normas de tráfico, ni los límites de velocidad. Hay compañías de transporte que pagan a sus empleados según los tramos que hagan. Por eso los conductores no dudan en pisar el acelerador para cobrar más dinero. Convirtiendo así a las empresas en las que más accidentes de tráfico tienen.
En la ciudad de Lima tuve la mala suerte de presenciar un accidente múltiple. Aunque realmente la mala suerte la tuvieron los pasajeros de los tres coches y cuatro mini guaguas implicadas en el accidente. Además también me percaté que los transportes participan en una especie de competición que se basa en los tiempos de llegada a los paraderos.
Asimismo, si vas caminando por la calle debes estar preparado para decir la frase estrella “No, gracias”, acompañada de una sonrisa. Pero la cantidad excesiva de ofrecimientos de tours, restaurantes, y transportes, es tan grande que después de dos meses ya la sonrisa se desdibuja al pronunciar las palabras mágicas.
La verdad que si me pusiera a contarles cada una de las experiencias cotidianas que he vivido, no acabaría nunca. Algunas me marcaron más que otras. Como aquel día que tomé una guagua de 23 horas de duración y en más de una ocasión vi a mujeres abrirse la falda para orinar en una botella, pese a haber un sanitario en la parte trasera, manchando todo a su alrededor. Ya se pueden imaginar el olor que había en esa guagua que encima no contaba con ningún sistema de ventilación.
Me da bastante pena haberme encontrado con lo que me encontré. Perú es un gran país de contrastes. Preciosos paisajes que quedan a la sombra del poco cuidado que tienen los peruanos en su nación, con la madre tierra, la que les vio nacer. Es curioso destacar la sensación de angustia que sentí al estar en los yacimientos arqueológicos tan espectaculares que visité, justo al lado de las ciudades anteriormente descritas. Da que pensar que más que una evolución, se ha experimentado una involución.
Me despido de Perú por el momento, volveré a mitad de julio a la zona de Cuzco, me han contado que está más cuidada que el resto del país. Ahora emprendo el viaje a Chile. No es una despedida de Perú, es un hasta luego. Viví buenas experiencias, y conocí a gente estupenda, no lo niego, que guardo en mi mochila cargada de recuerdos. A todos, gracias. El viaje ha de continuar.

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