El día que padecí el temible mal de altura

Cayambe.jpgDurante los casi siete meses que llevo de viaje he tenido que sobreponerme a varias situaciones difíciles. Aunque creo que la picadura de Alacrán en Nicaragua ha sido la peor, la que hoy les voy a contar quizá pueda a asemejarse en gravedad.Y es que desconocía totalmente lo que puede suceder si subes a demasiada altura. Pero vayamos por partes. Para ponerles en situación, me encuentro en Tababela, cerca de Quito, haciendo un voluntariado escribiendo artículos para una web de viajes, con todas las comidas incluidas así que no puedo quejarme.

En el hotel, a parte de mi hermana y Ana, hay dos voluntarios más. Los cinco, más el jefe, decidimos irnos de excursión al volcán Cayambe para hacer una noche allí. La situación se tornó complicada cuando llegamos de noche al Parque Nacional Cayambe y empezamos a subir hacia el área del refugio. Éste se encuentra a 4.600 metros de altura.

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El mal de altura

Cuando una persona padece mal de altura empieza a experimentar ciertos síntomas en su cuerpo. El primero es el cansancio extremo. Dar un paso cuesta arriba se me hacía un mundo, por no decir de la excesiva agitación que sentía en el corazón.

El segundo síntoma es el dolor de cabeza. No sé cómo describirles tal intenso dolor en mi cien. Sentí como una presión bombeaba mi cerebro. Pude percibir como si los latidos de mi corazón estuvieran en mi cabeza. Junto con la agitación, ambos síntomas provocaron que mis pasos se tornasen cada vez más lentos.

Por si fuera poco la temperatura ambiental se tornaba en los bajo cero. No sé exactamente cuánto frío hacía, pero sentía como mis pies me dolían tanto que temí sufrir una congelación en ellos. A estos síntomas se le sumó la sensación de náuseas. Resultó que llevamos poca comida, y de un valor energético muy bajo, por lo que cada vez empecé a sentirme más débil.

Uno de los efectos del temido mal de altura es la pérdida de apetito. Aunque se aconseja que aunque no se tenga ganas de comer, hay que ingerir alimentos con un gran aporte calórico, con el fin de contrarrestar los efectos en el organismo de la altura.

Llegamos al área del refugio. El paisaje era colosal. Un gran manto de nieve cubría la cordillera. Y un esplendoroso glaciar blanco hacía iluminar toda la zona al reflejar en él la luz de la luna. Por un momento olvidé el horrible mal de altura que estaba padeciendo.

Por fin llegué pensé. Sin embargo, y tras montar la caseta, los síntomas fueron aumentando. La noche fue tediosa. Seis personas en una caseta de cuatro, se pueden imaginar lo apretados que estábamos. Por suerte, no pasamos frío gracias al calor humano. No todo fue malo.

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Consejos

Al día siguiente desperté después de haber pasado una noche horrible. Pocas horas me quedaban en esa cima a 4.600 metros. Aunque reconozco que pese al malestar generalizado, el paisaje era realmente asombroso. Sinceramente lo pasé muy mal, pero volvería a pasarlo mal si con ello podía apreciar las maravillosas vistas.

Por ello quiero aconsejar a las personas que vayan a realizar alguna actividad parecida. Lo más importante es ir bien equipado. Es decir, llevar al menos 3 o 4 litros de agua por persona, cosa que yo no hice. Llevar comida suficiente, sobre todo con gran aporte calórico, cosa que tampoco hice. Equiparse con ropa térmica y de abrigo, equipo del que tampoco disponía. Llevar hojas de coca para té en caso de sufrir mal de altura, ya que disminuye considerablemente los síntomas.

Además, es aconsejable hacer la ruta de ascenso por tramos cortos y espaciados en el tiempo para que el organismo se vaya acostumbrando a la altura. Y nunca dormir a un desnivel superior a los 1.000 metros de la anterior noche. Todo esto que les cuento son cosas que aprendí después de haber sufrido el mal de altura.

Es algo que no hay que tomarse a la ligera. En los diarios de la zona se publica con frecuencia el fallecimiento de personas en las cumbres más altas debido al mal de altura. Es para asustarse y tomarse en serio todo esto. Yo desconocía totalmente esto que les cuento antes de subir a la cima. Tampoco conocía los detalles de la excursión. Pero como se dice, una para saber y otra para aprender. Seguro que no me vuelve a pasar. Por suerte, ya estoy recuperada. Seguimos con la aventura.

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